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Aquí encontrarás artículos relatados por nuestro atleta...
El abismo de Boulder por Santiago Sanz (19-06-08) Suena el despertador y ¡Dios como cuesta levantarse hoy! Mi compañero de habitación Brad Ray me dice “Santi it´s fifteen to five so wake up”. Hoy no estoy en un estado de plenitud y lo noto en mi cuerpo, estoy cansado, pero ¿Quién no está cansado a las cinco menos cuarto de la mañana?, por un momento pieso ¿A quién demonios se le ocurre poner la prueba de silla de ruedas a las siete menos cinco de la mañana?, en fin, no hay tiempo para contemplaciones y toca trabajar. Por unos minutos permanezco pensativo en la cama. Ayer estaba en Phoenix, volé a Colorado, esperé dos horas en el aeropuerto hasta que me recogió el taxista, era un tipo “cojonudo”, crítico, como a mi me gusta, se atrevió a decir “All those bullshit politics and the gas follow increasing”, a lo que yo contesto “All are the same bullshit”. Me cuenta en el precioso trayecto que une el aeropuerto Internacional de Denver con la localidad de Boulder. Greg me comenta que en estas llanuras discurren tornados que pueden hacer volar a un camión como si fuera una hormiga y yo le digo que mejor no cruzarnos con ninguno. Son como cuarenta y cinco minutos los que separan el aeropuerto de Denver de Boulder, se pasa de una meseta impresionante, donde se puede adquirir una casa por algo más de 200000$ a una orografía montañasa y abrupta donde adquirir una casa es algo impensable por menos de medio millón de billetes verdes (dólares), le comento “In Spain it´s imposible buy a house for less than half million euros”. Estamos llegando a Boulder y “Greg” me comenta “Santi those are University apartments”, le comento “This is such a really big University” y Greg contesta “One of the biggest in Colorado”. Yo contemplo el pueblo desde la autovía inmerso en una nube. De este pueblo es Andrew Hampsten, campeón del giro de Italia en el 88 y cuarto en el tour del 86 y 92, en ese año ayudó a un tal “Indurain” a ganar su segundo tour, ambos entrenaron aquí en el 94 cuando Indurain atacó su segundo récord de la hora fallido en La Paz. Boulder también era lugar de entrenos de “otro” tal llamado Rominger que se metió al bolsillo tres vueltas y un giro, además este tio me gustaba, era tan agresivo que ni los gregarios de su equipo podían contener su ira en carrera. En fin, llegué al hotel sobre las seis y tenía previsto un rodaje en un carril bici sobre el que Tyler me había hablado hace unas semanas. Dejó todos los trastos en mi habitación y salgo a por el dorsal, en el jardín del hotel me encuentra Tracy que se encarga junto con Don del evento en silla. “Finally you arrived” y le contesto “Why do you think I was supose to arrive yesterday, I gave you this flight” y me comenta que no sabe de donde habrá surgido la confusión, pero todo el mundo pensaba que llegaría ayer. Me comenta que vamos a recoger el dorsal y firmar toda la documentación necesaria para el evento, yo veo al marroquí Harroufi rodando cerca del río y le comento a Tracy “Is this the bike path for training?” a lo que ella comenta “Yes it is, you can push both directions and is a great quiet place to train”, se me escapa un “Cool”. “So tomorrow do we race at noon?” y ella me suelta un “Your race is at 6:55am” “What?”, si Santi, a las siete menos cinco es el evento en silla, se me queda una cara de tonto espantosa y le digo que en la web el evento en silla esta anunciado para mediodía, en fin… decido ir a formalizar los papeleos de mi inscripción y marcharme a la habitación a preparar silla y rumbo a la cama. Ya me voy despertando poco a poco y toca ultimar preparativos, lo primero es desayunar, tampoco hay mucho que desayunar, una barrita y un cafetito. Mientras preparo el desayuno, me dirijo a la ventana y, ¿Cual es mi sorpresa? Lluvia, parece que ha llovido durante toda la noche, además el cielo nuboso, tiene un color gris plomizo que no augura una prueba en seco, miro a Brad y le digo “it´s raining” y lo primero que le comento es que odio poner resina porque manchas toda la ropa,la silla, etc... pero no puedo pensar en esas cosas, es como cuando mis padres van al mercado lloviendo. A las seis hay que estar en el hall y no hay que despistarse, a las seis y cuarto nos ponen el chip en la línea de salida que no tengo ni idea de donde está. Tomo mi café y hoy no tengo esa tensión de otras pruebas, merezco un poco de “gozo”, tras tres victorias a principios de mes, además la semana ha sido dura, esta competición no está coloreada en rojo en la planificación. Es otro entrenamiento, eso si, de mucha calidad, un entreno de casi media hora, hiperventilando a más de ciento ochenta latidos por minuto y encima a casi dos mil metros de altura. En mi mente se superponen imágenes de sufrimiento de todas las competiciones de Mayo y sigo con ese sentimiento de “rareza” ante este nuevo evento, me pregunto cuestiones del tipo ¿Será tan duro el circuito?, ¿Me adaptaré bien a los 1600 metros de altitud?, ¿Rendiré como toca tras el viaje de ayer?, no respondo a ninguna de ellas, estoy tranquilo y vengo a “entrenar” más que a competir, mi principal objetivo es ver la asimilación de los entrenamientos, observar si corro fluído, si el motor funciona a tope y, lo más importante, soy el elemento clave para dar un feedback a Gabi (entrenador) sobre como marcha todo. El tiempo pasa, el próximo paso tras el desayuno es ajustar ruedas, dar aire y poner el “pegote” de resina en el trozo de cinta americana, si hay algo que detesto es ver la silla sucia antes de competir, la silla es parte de mi imagen y tiene que estar impecable. Cuando ya está todo listo me voy a ponerme mi body de competir y mi chaleco de calentamiento. Falta media hora para las seis y ya está todo listo, pero suena el teléfono y lo coge Brad “Santi is for you”, me pongo y me comenta Tracy que se han equivocado al ponerme el número y que me lo lleva Don a mi habitación para cambiarlo “Ok Tracy but please as fast as you can bring me it, I need to be in the hall at five to six”. Pasan unos minutos hasta que llega Don y comienzo a impacientarme pero ya está aquí. Me hecha un cable y en tres minutos relucen los números en el casco y la silla, ya estoy listo y tengo ganas de comenzar a calentar, faltan diez minutos para las seis y le comento a Brad que nos salimos al lobby. Cogemos silla y material y nos dirigimos al hall. Allí hay otros tantos “racers” y saludo a todos, aunque mi nerviosismo me hace salir a la calle a ver como llueve, afortunadamente no llueve pero el asfalto está muy mojado y espero que las curvas no sean demasiado peligrosas porque odio arriesgar en terrenos desconocidos. Me ubico en una esquina del hall y subo a mi silla, le pido a un señor que pasa cerca de mi que me apriete el velcro al máximo. Me gusta sentir la silla como un elemento más de mi cuerpo, somos un mismo elemento. Comienzo a ponerme mis guantes y ya falta menos de una hora para salir, me encanta, vuelvo a competir y cada vez estoy mejor de forma, hoy hay que disfrutar de cada uno de los diez mil metros que conforman la BolderBoulder. Cuando ya estoy listo, espero unos minutos hasta que el resto de atletas salen del hall, yo me dedico a seguirlos, no tenga ni la más remota idea de donde está la salida y hay que estar allí alrededor de las seis y cuarto para que nos coloquen el chip. Luego comenzaré a calentar tranquilamente, tengo casi media hora para ello y no me quiero “atiborrar” a kilómetros porque tras la prueba quiero completar el entreno con quince kilómetros más. Sigo a un grupo de “Wildcats” que son los miembros del equipo de la Universidad de Arizona. Vamos por una acera paralela a una avenida muy transitada. Me pongo nervioso cada vez que cruzamos una calle, el asfalto está mojado y con esos pequeños baches puedes pinchar una rueda facilmente. Sólo separa una milla el hotel de la salida de la prueba y a mi se me hace interminable. Aprovecho ese tramo para ajustar mi silla al máximo. Hoy siento frío, quizás el entrenar en Phoenix me haga vulnerable a este clima, pero muscularmente me encuentro bien, a pesar de la carga de entrenamiento de toda la semana. Llegamos a la Avenida donde tiene lugar el comienzo del evento e indiscutiblemente es un evento “top five”, donde se van a agolpar más de cincuenta mil atletas para afrontar esta prueba. La gente cuando ve pasar nuestros bólidos se queda pasmada y suelta algún “that´s cool”. Me gusta la avenida donde discurre la salida, la verdad es que el comienzo va a ser super rápido, seguro que a bastante más de treinta kilómetros por hora, aunque cuando comiencen las cuestas, otro gallo cantará, por ello, es importante un calentamiento largo, ya que el paso del llano a la subida, se debe de afrontar sin malestar muscular ni cardiovascular. El atleta debe seguir fluído y a paso firme. Es tan importante ese hecho que me apresuro a poner mi chip y comienzo a calentar. Los primeros metros son tranquilos, hay muchos atletas en la calle y prefiero evitar cualquier incidencia. Llego a un cruce y allí está mi amigo Saul que ha comenzado a calentar, yo pongo el velocímetro a cero y comienzo el ritual. Hay que completar un ligero rodaje de seis kilómetros. Saludo a Saul y le dirijo un “¿Qué tal todo brother?”, me cuenta que todo va genial y que se ha venido con toda la familia a Colorado. “Cuando acabe la prueba conoceré a tu niño ok?”, Saul me pregunta por Pilar y por mi familia, yo le digo que todo va estupendo y que la niña crece a un ritmo frenético. Hay que comenzar con la “faena”. Inicio mi calentamiento en esa calle hasta su primera intersección, donde tengo que cambiar de sentido porque el tráfico está abierto en la avenida anexa. Estudio el terreno y tengo aproximadamente unos seiscientos metros, allí estaré hasta que falten diez minutos para la salida. Numerosos atletas en silla calentamos allí, pero cada uno lleva su rutina, no soy un atleta que realiza cambios repentinos de un año para otro y llevo calentando igual desde hace más de cinco años, por eso, busco una total concentración en mis sensaciones, me gusta obsevar la “alegría” de mi brazada y colocarme bien en la silla, todo tiene que ser un mismo elemento (cuerpo y silla). A medida que trascurren los kilómetros, el cuerpo comienza a emitir ese calor que se podría definir como placentero. Comienzo a sentir mis articulaciones con total claridad y, a pesar de los menos de diez grados que debe hacer ahora mismo en este precioso lugar, comienzo a sentirme alegre, motivado y con muchas ganas de que se de el pistoletazo de salida. Ya llevo cerca de cinco kilómetros en mis espaldas y el tiempo se me ha hechado encima, hay que improvisar algo para estar listo y dirigirme a la línea de salida. Acabo con dos aceleraciones de doscientos metros y siento mi corazón palpitar muy fuerte, además hiperventilo muy estruendosamente, se notan los más de mil quinientos metros de altura, definitivamente, esta carrera va a ser muy exigente. Me ubico en la primera línea de la parrilla en el lado derecho y pronto nos avisan que quedan menos de cinco minutos para el evento en silla de ruedas “Five minutes to go guys”. Trato de mantener mi concentración y comienzo a mover mis brazos para seguir caliente, por un momento pienso que tras el vuelo de vuelta a Phoenix, estaré un mes sin volar y eso me alegra. Me he pegado un mes de vuelos impresionantes y necesito tranquilidad, tras esta prueba comenzaré mi puesta a punto para las pruebas de Junio/Julio. “In two minutes this guy with the trompete will give you the thirty seconds signal to the start”. Me quedo asombrado, es la primera vez que oigo lo de la trompeta, en fin, me preparo para la batalla, hoy tocará recibir más que dar y sufrir mucho para entrar en el podium pero las sensaciones son buenas, aunque no espectaculares como en Spokane o Grand Rapids, pero la diferencia está clara, a esas pruebas llegaba descansado y Boulder no está entre las carreras importantes de la temporada. Suena la trompeta y mantengo mi mirada en la recta que se atisba infinita, tengo que hacer un buen primer kilómetro, coger el ritmo de brazada, de respiración, subir a esos casi ciento noventa latidos y luego disfrutar de los nueve kilómetros restantes. Es impresionante pero durante esos treinta segundos se paraliza el mundo, mi cerebro, mi sangre, todo fluye más lento y se hace eterno ese mísero medio minuto, aunque a mi mente fluye siempre un pensamiento, el de mi familia que está en España haciendo fuerza para que su “Santi” corra como siempre lo hace, con carácter, soltura y determinación. Mi padre sabe que su hijo lo dará todo, mi madre sabe que llegaré destrozado a la línea de meta y Pilar sabe que disfrutaré en esta prueba como en todas, ya que el atletismo es mi vida, es mi pasión y es mi punto fuerte. Hoy como en otras ocasiones saldré al ruedo con la pasión que me caracteriza, ya que no hay mejor recompensa para un atleta que disfrutar en la batalla…
El abismo de Grand Rapids por Santiago Sanz (3-06-08) Son las cinco y cuarto y arriba, hoy tengo como compañero de habitación al salvadoreño afincado en Los Ángeles Edwin Figueroa. A mi me cuesta muy poco saltar de la cama, es un rito, una costumbre, una obligación,… activarme, activarme, activarme,… esa es la primera orden de mi cerebro a mi cuerpo. Edwin sigue “acurrucado” en su cama, yo me dirijo a la ventana y miro a través de ella, un cielo azul intenso, ni una nube pero hace un frío que pela, apenas dicen por la tele cinco grados y me asusto. “Edwin no va a llover pero si lo hace morimos” y ríe a carcajada limpia. Enciendo el ordenador y tengo tiempo de ver mis correos. Hoy he recibido uno de “Noni” la mamá de Ginés, un niño de ocho años que tiene mi patología, me manda recuerdos y que ojalá pronto nos veamos, yo le cuento a Edwin que hay dos niños (Ginés y Víctor) que sufren mi patología, el segundo es un fenómeno de la natación y Ginés cuando subió a mi silla el año pasado alucinó. Le digo a Edwin “estos niños merecen toda mi admiración y toda mi ayuda”, ha sido una buena noticia y me encuentro ya motivado para competir. Mientras preparo el café y mi ligero desayuno miro todo lo que necesito para la prueba (herramientas, ropa de calentamiento,…) está todo listo y no hay porqué preocuparse. Comienzo con el café, si así se puede llamar a esa agua sucia y caliente que casi tomo sin respirar. No tengo mucho apetito, ayer cené con Edwin en la “pasta dinner party” del hotel, él mismo me comentaba “Santi la pasta es tu fuerte” yo casi sin tiempo para contestar engullo mi “platazo” de pasta con aceite y pollo y le digo “Edwin come que mañana vamos a gastar tres platos como estos en ese circuito de 25Km y como “pegue” aire frío en la Lake Drive Avenue justo al final “that´s gonna be a tough course”. No hay que despistarse con el tiempo, a las seis y media hay que bajar al hall del hotel, dar aire a las ruedas y salir a calentar sobre las siete menos cinco, aunque nos falta aún casi media hora para eso. Edwin y yo hablamos sobre el magnífico entreno de ayer, donde acabé con 14Km, en lugar de los ocho que tenía programados, pero ese carril bici valía la pena. Sin lugar a duda el lugar más espectacular en el que jamás he entrenado en mis casi quince años como atleta, un carril bici que discurre por un bosque frondoso, un río y algunas ciénagas que se forman por las grandes nevadas que precipitan en estas norteñas tierras que circundan el lago Míchigan. “¿Porqué no llevábamos una cámara en ese momento? Le digo al bueno de Edwin, al año que viene no puedo dejar esa cámara en la estúpida mochila”. Tengo que traer a Pilar a este lugar, le va a encantar, me digo a mi mismo. Me pongo mi mono de competición y mi chaqueta de calentamiento. Tengo casi todo listo, “Edwin el compresor”, cogemos los trastos y al hall que faltan quince minutos para calentar. Allí ya encontramos a algún atleta nervioso que está ultimando sus preparativos con la silla. Voy al aseo y a mi vuelta le meto a cada tubular 150 libras, y sin pensarlo “salto” a la silla para comenzar a calentar. Le digo a Edwin “me encontrarás en la avenida”, pero yo se que ya no lo veré más hasta la línea de salida. Me gusta calentar sin perder la concentración, para escuchar a mi cuerpo necesito estar centrado, sin distracciones, escuchando mi respiración, mis latidos, el golpeo de la mano con el aro,… subo por Pearl street que conecta con Monroe Avenue, avenida donde tiene lugar la salida de la prueba, antes paso por el puente que se alza majestuosamente sobre el Grand River, apenas un minuto sintiendo todo mi cuerpo frío con esa mañana preciosa que ha despertado sobre Grand Rapids y ya me encuentro en Monroe Avenue. Allí escucho música y la organización ultima todo antes de la prueba, yo tengo por delante cincuenta minutos de calentamiento. Los primeros metros de calentamiento los utilizo para estudiar mis sensaciones musculares, parece que estoy de nuevo a punto y que la máquina está perfectamente engrasada para la batalla. Recuerdo por un momento la odisea del año pasado donde sólo pude dormir tres horas por ese maldito vuelo que se retrasó en Phoenix, pero este año es distinto y me encuentro muy, muy motivado. Me percato que en la línea de salida apenas tenemos aire a favor, es más, diría que no hay nada de viento, genial porque con ese frío en la última parte de la carrera “Lake Drive Avenue” podría llegar a ser espantoso, como en el 2005 que lloviendo durante toda la carrera y llegando totalmente empapado a ese punto que está en el kilómetro 22, soplaba un aire gélido que se me metió en los huesos. Cubro mis primeros kilómetros y todavía no hay ningún atleta en silla calentando, pero pronto vislumbro al primero, es mi amigo Tyler Byers de Virginia, la semana pasada se cayó dos veces en Spokane y le pregunto como lleva su brazo. “You know Tyler, I dindn´t call you from Baltimore because your injury” el me contesta “I couldn´t train til Thursday”. No hay nada más que decir y sigo con mi “serenata”, estoy cerca del cuarto kilómetro de calentamiento y todo va de perlas, aunque sigo sin precipitarme, calentar todo mi cuerpo es la prioridad ahora, seguir a un ritmo constante de 130 latidos y observar que la silla va de maravilla, de repente, me para la organizadora del evento Kelly y con una expresión de preocupación me pregunta “Do you have an extra pair of racing gloves?” le contesto “What happen?” y me comenta que Alfonso Zaragoza no tiene sus guantes de competir porque no le ha llegado su equipaje y todo sorprendido suelto un “Holly shit”, “Ok Kelly, go with someone else to my hotel room in the Days Inn and you´ll find in my wheels bag an extra pair of gloves, now I need to follow my warm up, sorry guys” y sigo con mi marcha, antes Kelly me dice “Thanks a lot guy”, yo acelero mi silla y sigo por Monroe hasta el cruce con Fulton, donde es obligatorio cambiar de sentido porque allí está abierto el tráfico. Alguién comenta “10Km event is gonna start in two minutes and road must be clear”, miles de personas van a disputar la prueba de 10Km que tendrá su inicio a las siete y media, pero yo no me puedo parar como un “lelo” y contemplar como pasa el tiempo, hay que buscar una calle que me permita seguir calentando y no es otra que Louis street, desde el inicio de la misma hasta el final que conecta con Fulton, tengo como trescientos metros todos en subida y a mi estos me funcionan a la perfección para seguir con mi calentamiento que al final será de ocho kilómetros. Subo por esa cuesta y siento que mi temperatura corporal ha ido aumentando, estoy a un pasito de estar listo para competir, creo que en unos quince minutos más ya comenzaré con unas aceleraciones. En uno de los cruces de la calle Louis veo a una policía que corta el tráfico y con “el frío que pela”, ella trabaja con una camisa de manga corta y su chaleco reflectante, a mí sólo de verla me produce un escalofrío que recorre toda mi espalda. Yo sigo con mi rutina y esa calle la subo y bajo en unas cinco ocasiones, algún otro atleta se suma conmigo y allí me encuentro con Ramiro Bermúdez y Edwin Figueroa, mientras los miles de participantes que han tomado la salida en la prueba de 10Km siguen pasando por Monroe Avenue, aunque ya quedan pocos en pasar por el cruce de Monroe y Louis y en breve podremos seguir nuestro calentamiento en la parte inicial de esta fantástica prueba. Son cerca de las ocho menos veinte y ya me encuentro de nuevo a escasos metros de la línea de salida en Monroe, ahora ya comienza la cuenta atrás, es hora de acelerar el pulso, de oír la intensa respiración, de subir la adrenalina y de subir esa agresividad que caracteriza mi forma de correr, hay que salir a tope, un parcial de 5000 entorno a once minutos cincuenta segundos y eso es correr mucho, mucho, mucho,… En la primera aceleración noto que a diferencia del año pasado no hay apenas aire a favor en la dirección en la que avanza la prueba, es una recta enorme hasta el cruce en el que nos internamos en el “Millenium Park”, transcurren cerca de cuatro mil metros, en esos metros es donde hay que coger el ritmo para afrontar la segunda parte de la prueba con garantías, ya que es el último cinco mil el que hace “pupa”, aquí hay que ser constante y evitar “subidones de lactato” innecesarios. Tras dos o tres aceleraciones ya marcho a la línea de salida, es muy peculiar con ese asfalto adoquinado, aunque sólo son los primeros cien metros de carrera. Le doy a Kelly mi chaqueta de calentamiento y me coloco en la primera fila de parrilla de salida, un “Good luck” a todos mis rivales y a centrarme en el comienzo de carrera. Me preocupa un poco la valla de contención, no quiero chocar con ella en la salida y le indico a Kelly que nos está viendo con su silla unos metros más adelante que se aparte para evitar cualquier incidencia. Alguien avisa por la megafonía que sólo faltan tres minutos para que comience el evento en silla y todo el público comienza a hacer palmas, silbar y vitorear. Yo pienso en el buen rendimiento de Bloomsday y sólo ese recuerdo ya me confirma la certeza de una nueva victoria, esta será la trigésima en mi carrera deportiva y la cuarta consecutiva en esta prueba. Como si de un acto reflejo se tratara no dejo de mover mis brazos, estos tienen que golpear hoy el aro cerca de seis mil veces y parece que disfrutan como los “huskies” cuando salen a correr. Mi cuerpo está hecho para correr, mi mente disfruta con la agonía y mi corazón exhala potencia como el de un pura sangre. “Llego la hora de cortar cabezas”, me digo a mi mismo y con esta frase mi cuerpo desea oír el disparo de salida. “One minutes guys” es la frase clave, la que otra vez me hace pensar en mis dos fans número uno, mi madre (gracias a ella tengo un carácter luchador) y Pilar (gracias a ella soy mejor persona y atleta), ellas viajan conmigo, ellas corren conmigo y ellas disfrutan conmigo, porqué para mi la agonía de mantener mi corazón a más de ciento ochenta latidos es el sumun, la máxima recompensa que puede tener entrenar mañana y tarde con frío, calor, lluvia,… Ya sólo faltan menos de quince segundos y la autoconfianza es mi mejor arma, miro al infinito, esa recta se extiende hacia la gloria y siento en mi cuello el golpeo de mi corazón, estoy listo, hoy rozaré la hora en esta prueba, seré leyenda y pondré un techo muy alto a quién quiera arrebatarme este récord, hoy, un día más, haré historia en el atletismo español…
El abismo de Spokane por Santiago Sanz (14-05-08) Son las seis menos cinco y ya estoy arriba, la verdad, no tuve un sueño profundo esta noche pero estoy tremendamente eufórico. Esta es una de mis pruebas favoritas y sin lugar a duda el circuito es precioso. Lo primero, comprobar el pulso matinal y ohlala, 38 latidos, parece que esa gran bomba está en plena forma. Ayer aterricé en Spokane a las ocho y veinte de la tarde y llegué bastante descansado. Tras el caos de Indianápolis dormí un rato en mi hotel, quizás la frustración de esa estúpida salida del circuito me permitió dormir y relajarme. Tuve un vuelo genial con mi amigo el “speaker” Rob Powers que me invitó a cenar en un restaurante francés en el aeropuerto de Denver. Le comenté, “sabes Rob mañana batiré el récord de Bloomsday por cuarto año consecutivo” a lo que él me contestó con un “Holly shit, of course you´ll get it”… Tras vestirme y preparar todo mi material para la prueba me bajo a desayunar, allí me encuentro con esa fantástica mujer que año tras año prepara al arsenal de atletas en sillas, africanos y demás atletas de élite un delicioso desayuno y me comenta “How´s my great racer?” a lo que yo contesto “Trying to wake up but really happy to see you once again”, ella me sirve un fenomenal café y además me dice que si lo necesito más fuerte (estilo europeo) me lo hace en un momento, yo me río. Hoy hay que comer bastante y cojo dos Bagels con fresas a los que añado mermelada de fresa, con esto es suficiente, por supuesto con ese café delicioso que tomo en compañía de Clayton Gerein (Canadá) y mi gran amigo Edwin Figueroa (EEUU). Es un rato agradable el que paso con estos dos “fieras” y además es genial tener esos rayos de sol rozándote la cara, una vez más en Spokane luce una mañana espléndida y hay un cielo tan azul que a quién no le gusta correr en estas condiciones. Al instante se sienta con nosotros mi amigo Tom Cameron (organizador del evento en silla) y me comenta como me fue ayer en Indiana, Tom sonríe porque sabe que me perdí y me encanta su propuesta para el 2009 “Santi you need to kill the deamon in that race next year like you did in Bloomsday in 2005” (En el 2004 una avería en Bloomsday me privó de la lucha por la victoria), yo contesto “I don´t know what I´ll do next year but I´ll come back here sure”. Tom habla sobre el viaje que realizó con su mujer a España y comienza a decirle a Clayton su fantástica travesía por la costa española (Málaga, Almería, Alicante, Valencia,…), la verdad es que sus ojos demuestran una gran admiración por la cultura peninsular y acaba con un “I love Spain”, por un momento pienso “me encantaría que Tom conociese a mi familia en España”. Llega la pregunta del millón y Tom la lanza sin reparo alguno ¿Vas a batir el récord por cuarto año consecutivo? (Tras la prueba le diría a la mejor atleta de la historia Jean Driscoll “Here is the boy four consecutive course records, Who can do it?”, yo le contestaría a Jean que mi objetivo era ser un segundo más rápido que ella 31´23´´ y reímos juntos). Yo respondo muy contundentemente a Tom “Of course, You´ll get your four Bloomie record” y Tom afirma “This is my boy”. Son las siete menos diez y subo a mi habitación, aún tengo cuarenta minutos para descansar antes de bajar a pasar la inspección de la silla. Me tumbo en la cama y hablo con mi amigo Saul, llevamos sin vernos diez meses y es como yo digo, un amigo que no falla nunca. Le he traído unos PUMA de bebé para su hijo Paul que tiene dos meses y me cuenta que todo va fenomenal por Austin, le digo “Al año que viene voy a ir a Austin a conocer a mi amigo Paul”. Seguimos hablando durante media hora y me bajo al hall para pasar la inspección de la silla. Hace un frío increíble con el mercurio rondando los siete grados y es necesario un calentamiento muy largo para estar en las mejores condiciones posibles antes de la salida. Quiero comenzar a calentar a las ocho menos cuarto. Cuando ya tengo todo listo para salir a calentar veo que mi velocímetro lo he olvidado en la habitación, soy un atleta metódico y controlo mi tiempo cada parcial de 5000 metros en cada evento, además se que hay que atacar la Doomsday hill entorno a 10Km/h para batir el récord (32´44´´). Subo a mi habitación y los ascensores atestados de gente que va a disputar la prueba me ponen nervioso, allí me cruzo con una atleta excepcional y mejor amiga aún si cabe (Amanda Mcgrory)… Un fuerte abrazo y un “Nice to see you again Amanda” y me subo “pitando” a mi habitación, cojo el velocímetro y de nuevo al hall. Ya tengo todo listo, guantes, casco,… y son las 7:40 vamos allá me digo a mi mismo. Salgo a calentar y “hace un frío que pela”. Se tiene que ir a Spokane para vivir esta prueba, hay un ambietazo tremendo en las calles con todos los atletas agolpados en las calles de esta pequeña pero preciosa ciudad, alguno de ellos me dice un “You look so fast”. La verdad hay que evitar un giro erróneo y tengo que tomar el cruce correcto para calentar en la zona delantera de la salida. Tras unos quinientos metros tomo ese giro a la izquierda y subo por esa calle hacia la línea de salida, en ese momento pienso por aquí han pasado históricos del atletismo en silla Jean Driscoll, Louise Savage, Saul Mendoza, Paul Nitz, Clayton Gerein, Rick Reelie, Mustapha Badid, Candance Cable,… en fin,… una sensación de incremento de adrenalina recorre mi cuerpo. Llego a la línea de salida y comienzo a calentar, hay que empezar muy poco a poco, tengo cincuenta minutos hasta que se de la salida a las nueve menos veinte, lo mejor es explorar todo en esa primera milla que conecta la salida con la primera bajada en la que se alcanzan más de sesenta kilómetros por horas. A los cinco minutos me cruzo con mi compañero de equipo Saul, es prácticamente invencible en esta prueba y acumula diez victorias en clase open man, hoy podemos dar otro doble triunfo al “Team Eagle”, lo hemos hecho aquí en las tres últimas ediciones. Los primeros quince minutos estudio mis sensaciones, no es fácil recuperarse de una prueba como lo de ayer en Indiana y de un vuelo de cinco horas, en fin… parece que me encuentro bien y que no tengo ni dolores de espalda ni una sobrecarga muscular en mis brazos. Cuando llevo algo más de media hora de calentamiento, realizo la primera bajada a toda velocidad y alcanzo más de 60Km/h, acabo subiendo la misma pero muy lento, no quiero lesionarme en ese kilómetro al 7% de desnivel, allí me cruzo con Jhon Duda (Tanzania) y el mítico Jhon Korir (Kenya) que ha ganado como yo en tres ocasiones en esta mítica prueba. Cuando llego a la cima comienzo un calentamiento más rápido y el pulso sube a 140-150 latidos, estamos ya en la fase final y hay que comenzar a romper a sudar, creo que la bomba late con fuerza y nace en mi interior un presentimiento de que lucharemos por el récord. En cuanto llego a la línea de salida, entrego a un voluntario mi chaqueta de calentamiento y ya me dirijo a línea de salida. Al no realizar ayer el prólogo clasificatorio, salgo desde la segunda fila, justo detrás del estadounidense Steven Tojoyi que me dirige un “good luck” antes de situarnos en la salida. Allí me encuentro cómodo y, a pesar de la baja temperatura da un acogedor sol de cara que calienta mi cuerpo aunque no paro de mover mis brazos, el calentamiento ha sido largo y productivo quiero salir a toda velocidad en cuanto den el disparo de salida. Tom nos coloca a cada atleta (hoy son 51 atletas) en su lugar de salida y ya anuncia un “three minutes to go”, es en ese momento cuando se acerca la hora de disfrutar. Todos sabemos que vamos a dejarnos la piel en esas cuestas infernales pero para mi esta prueba es algo fabuloso que soy incapaz de describir con mi ordenador. Sigo moviendo mis brazos en todo momento y en cuando se oye un “One minute to go” el público comienza a vitorear y a aplaudir, es algo espectacular, siento que voy a hacer las cosas bien y que llego mejor que nunca a esta prueba. “Thirty seconds guys”, es la frase clave, la que te mete en ese abismo que sólo los atletas conocemos, la que te permite analizar las sensaciones de cada milímetro de tu cuerpo y escuchar tus latidos cardíacos, es angustiosa y a su vez placentera. Me encomiendo a todos los dioses para que se apiaden de mí en esas bajadas terribles y pienso en Pilar que es el pilar en el que se sustenta mi carrera deportiva, este récord va por ti mi vida…
El abismo de Lisboa por Santiago Sanz (30-03-08) ¿Qué es ese ruido? Me levanto rápidamente a desconectar el despertador. He dormido genial y no puedo creer que sean las seis y media. Hay que apresurarse, en quince minutos hay que estar desayunando y cargando baterías, pero sin prisas, todo está listo, la silla, la bolsa, … en fin, otra carrera más pero ¿Qué coño? Es el mundial de media maratón. Mientras me voy vistiendo y preparando siento que mi cuerpo está totalmente recuperado de los entrenamientos de toda la semana, ayer decidí entrenar por la tarde tras aterrizar en Lisboa el Viernes a medianoche y ese ligero rodaje me permitió observar que el viaje de Alicante a Lisboa no ha supuesto un gran cansancio. Bajo con mi hermano Javi al desayuno, allí tenemos todo lo indispensable para rendir, tostadas, queso fresco, miel y café, eso que no falte. No tengo mucho apetito (luego me arrepentiría de esta decisión) y decido no comer en abundancia. Simplemente dos tostadas con queso fresco y miel, zumo de naranja y un delicioso café con leche. En la mesa estamos todo el equipo nacional y los dos técnicos que nos acompañan, mi entrenador Gabi y Antonio Ranchal, ambos han sido atletas y saben lo que deben decir y aconsejar a los atletas antes de la competición. A las siete y media subo a mi habitación y repaso que no me falte nada, hemos quedado todos a menos cuarto en el hall del hotel. Cuando bajo al hall veo a unos cincuenta atletas, la mayoría comienza hoy su temporada de competiciones. Me siento en una mesa con Gabi y hablamos de cómo se presenta la prueba. Le explico que es pronto para un buen rendimiento y que aunque todo marcha bien, mi estado de forma es bastante bajo, además no es un circuito bueno para mis características. La estrategia está clara, dar batalla desde el principio, de todas formas no se pierde nada y hay que seguir entrenando para el circuito americano de primavera. Nos subimos al bus que nos lleva a línea de salida, allí me encuentro con un arsenal de atletas suizos (Marcel, Beat, Manuela, Heinz,…) todos estamos algo nerviosos por el retraso y yo, más aún, que no llevo mi reloj encima y me estoy impacientando. Sigo escuchando música y cálculo que alrededor de las nueve menos veinte (la hora prevista de salida eran las ocho) salimos hacia la salida ubicada cerca de Belem. No hay tiempo para nada, me quito el chándal me subo a la silla y le doy a mi hermano mi botella de agua. Soy el primer atleta que salgo a calentar y en una zona fantástica de unos mil metros comienzo a mover mi cuerpo. La primera vuelta la doy en compañía del japonés Masazumi Soejima que finalizaría tercero en la clase open man, pero yo sigo a lo mío, no debo pasar de ciento treinta latidos durante los casi diez mil metros de calentamiento que tengo pensado realizar. Pronto noto que el calor y la humedad están presentes en la capital lusa y paro cuando llevo unos veinte minutos a hidratarme y ya desconecto mi MP3 para “escuchar” mi cuerpo. Cada metro que pasa aumenta la adrenalina y la hora se acerca. A menos de quince minutos de la salida nos dirigen a todos a la zona anterior a la misma, allí me cruzo con Gebre y Charles Kamathi, casi van tan rápidos como nuestros formula uno del atletismo, también veo caras conocidas como Adere, menuda estampa tiene la etíope y el incombustible Eduardo Henriques. Faltan menos de quince minutos para que se de la salida y ya comienzo con mis progresiones de cien metros en ese asfalto tan bacheado donde se notan mucho más las vibraciones. Allí se encuentra el atleta Javi Conde que me resalta esta característica del pavimento “Santi está como rugoso” y yo afirmo con mi cabeza. Mi cuerpo rompe a sudar y disfruto de esas sensaciones, mi pulso llega en algunas aceleraciones a 175 latidos y tras dos os tres minutos de la parte final de calentamiento veo a Gabi y a mi hermano, les pido agua y le doy mi “warm up jacket” al bueno de Antonio. “Con dos cojones” me dicen los tres, saben como yo que mi rendimiento es una incógnita pero parecen tener muchas esperanzas en mi, claramente más de las que yo tengo. Nos para Gabi para hacernos unas fotos a Rafa y a mi, me siento orgulloso del “coach” en ese momento, buen profesor, mejor persona y grandioso teórico de la biomecánica y la teoría del entrenamiento que me ha llevado a lo más alto del atletismo mundial. Pienso por unos segundos “hoy no puedo fallar”. “Una progre más chicos”, la hago junto a Alina Ivanova y “otra que tal”, va tan rápida como la silla. Me dirijo a la salida y ya nos están colocando, a mi me toca tercera línea, justo por detrás de otro pupilo luso de Gabi “Alexandrino”. Ya estoy totalmente concentrado y comienzo a mover mis brazos con movimientos balísticos. Nos avisan que quedan treinta segundos para la salida y estoy como un pura sangre, inquieto y con ganas de “cortar cabezas”, por un momento oigo gritos del público que se agolpa para ver el comienzo de una prueba excelente. Cierro mis ojos y contengo por unos segundos mi respiración, siento cada centímetro de mi cuerpo, es un júbilo de adrenalina el que corre por mis venas, estoy en el abismo y disfruto de este preciado momento…
La columna de Santiago Sanz (6-09-07) A falta de un año para que comiencen los Juegos Olímpicos (detesto la palabra paralímpico) me animo a seguir con esta sección. Llevaba yo unos meses, concretamente desde Enero sin escribir en esta sección e incluso alguno de vosotros me lo ha recordado vía mail pero es que tanto viaje, entrenamiento y tareas cotidianas no me han permitido profundizar sobre nuestros temas básicos relacionados con el entrenamiento. Llevo unas semanas dándole vueltas al coco sobre lo mucho que ha cambiado la concepción que se tenía sobre el modelo básico de atleta de larga distancia en silla de ruedas y, ello ha sido motivado por fabulosos corredores como (Heinz Frei, Edith Hunkeler, Tosihiro Takada, Kazu Hatanaka, Wakako Tsuchida, Sasahara Hiroki y Amanda Mcgrory). Algunos intuiréis ya de que voy a hablar en esta columna pero si todavía no os es suficiente os diré que hablaremos de las ventajas que supone ser un individuo ectomórfico frente a uno mesomórfico en pruebas de larga distancia y ahora os preguntareis ¿Qué diablos es un individuo ectomórfico/mesomórfico?
Con las siguientes fotografías definiremos a un individuo mesomórfico (Joel Jeannot, Claude Issorat, Ernst Van Dyk, Saul Mendoza, Thomas Geirspichler, Chantal Peticlerc, Kurt Fearnley,…).
Si observamos estos individuos poseen una gran robustez o magnitud músculo-esquelética relativa, es decir, literalmente se definirían como individuos musculosos. En el lado opuesto tenemos a los sujetos ectomórficos que ya nombré en líneas precedentes y que son aquellos individuos de musculatura longilínea y que representan la delgadez relativa. Refiriéndonos a la biomecánica diremos que los sujetos ectomórficos desarrollan potencias inferiores a los sujetos mesomórficos. Cuando comencé a competir internacionalmente allá por el 2000 fui muy criticado por mi “somatotipo”(sistema utilizado para encuadrar a un individuo en un grupo ectomórfico, mesomórfico o endomórfico) ectomórfico pero, por aquel entonces” ya había leído algún tratado de fisiología y andaba convencido de que mi ectomorfia me permitía ser más eficiente fisiológicamente en distancias de media/larga distancia y vosotros os preguntareis ¿Porqué? Si pensamos en el músculo como un conjunto de células que se coordinan para realizar una función, eso nos ayudará a conocer que ocurre en la musculatura de un atleta ectomórfico y uno mesomórfico, teniendo además en cuenta que la teoría de la hiperplasia (Teoría que afirma que en músculos más hipertrofiados existe un mayor número de células que en un músculo con menor diámetro trasversal) no está comprobada con certeza, deduciremos que un músculo más hipertrofiado posee células más grandes que uno de características ectomórficas. A continuación observamos una tabla de Leibar, X. (1995) donde se estima el porcentaje de la contribución de los diferentes combustibles para generar ATP que es la moneda energética que el músculo utiliza para la contracción.
Bajo estos criterios y adaptando esas pruebas a los tiempos conseguidos por atletas en silla de ruedas podríamos concluir así:
Si tenemos esto en cuenta y además que los depósitos de glucógeno muscular son limitados y que en pruebas de duraciones superiores a los cien minutos se produce el famoso “muro” o depleción total de los depósitos de glucógeno muscular ¿Quién dispondrá de mayor glucógeno y por tanto mayores recursos energéticos? ¿Un atleta mesomórfico cuyas células son mayores y requieren consumir más ATP para desarrollar sus funciones? ó ¿Un atleta ectomórfico? A esto debemos añadir dos aspectos muy importantes, ya que muchos de vosotros os preguntareis ¿Porqué entonces atletas como Louise Savage, Saul Mendoza, Kurt Fearnley compiten en el maratón a un altísimo nivel? - Estos atletas citados tienen una atrofia muscular en sus piernas muy considerables y aunque existe vasoconstricción (fluye menor sangre) en esa parte del cuerpo durante la carrera en silla, esas células siguen funcionando y necesitan nutrientes, sino esa zona se necrosaría (muerte del tejido), dichas células musculares más pequeñas consumirán menos energía. Este argumento es igual de aplicable a un atleta doble amputado. Imaginaos lo que consumía el atleta francés Joel Jeannot.
- Otro aspecto a tener en cuenta es que en la mayoría de maratones en silla la mayoría de atletas se corre a rueda (aprovechando el rebufo de los corredores de delante) y el gasto energético es mucho menor. Este argumento no hace más que confirmar que si Heinz Frei o Amanda Mcgrory son capaces de correr en solitario a unas velocidades impensables no es por otro motivo que por su economía fisiológica. En el caso del maratón femenino es más usual que no se corra en grupo y por este motivo casi todas las grandes maratonianas de la actualidad tienen un somatotipo ectomórfico. Estos individuos ahorran más sustratos energéticos que los atletas mesomórficos. Traslademos este argumento a la eficiencia en el transporte de oxígeno y comprobaremos que sucede lo mismo. Como sabemos el consumo máximo de oxígeno tiene unas limitaciones y dependerá en gran medida de la musculatura implicada en el gesto técnico, por ello, un esquiador de fondo puede llegar a cifras entorno a los 90ml/kg/min y un atleta en silla llegará a cifras cercanas a los 65ml/kg/min ¿Qué significa xml/kg/min? Que cada minuto llegan x ml de oxígeno ispirado a un kilogramo de músculo fresco y por este argumento ¿A que atleta le llegará más proporción de oxígeno a sus células musculares al mesomórfico o al ectomórfico? El atleta mesomórfico tiene más kilogramos de músculo fresco y con ello queda respondida la pregunta. Esperando vuestros comentarios me despido hasta otra ocasión.
El abismo de Toronto por Santiago Sanz (22-06-07) Las siete y “wake up” toca ponerse las pilas y aunque no he tenido un sueño muy profundo si que me acosté ayer a las diez y “oh la la” 38 latidos en reposo, nada mal para haber llegado ayer de España y esperar en Filadelfia “tropecientas” horas antes de que saliese mi vuelo rumbo a Toronto. Abro la cortina y el tiempo está genial, un solecito que nos vamos a poner morenos en cuanto salgamos allí fuera. Mi compañero Saul me avisa “Santi a desayunar”. Ese restaurante es magnífico y como manda la tradición en esta prueba comenzamos a hablar con ese café en las manos antes de ingerir algo sólido. “¿Cómo te ha ido durante estos meses Saul?...” pronto llega el canadiese Clayton Gerein y con él se nos hacen las 7:30 allí, miro el reloj y “uhpssss” a comer “mestre”. Hoy voy a cargar pilas que ayer en el entreno me sentí fatal, Dios me costaba hasta respirar rodando a ritmo de “pisar huevos”, en fin… el viaje a veces hace estragos en nuestros “castigados” organismos y no podemos pedir más. Cereales, fruta, una tostada con mermelada y leche desnatada “Oh yeah”, creo que le he metido gasolina al organismo para rato y es que ese circuito en Queen´s Park es para estar a tope. A las 8:15 subo a la habitación, me visto y preparo trastos y como no, esa botella de agua en mis piernas, la hidratación es primordial y antes de irme, visualizo el circuito, veo cada curva, subida, bajada y dejo claro que quiero hacer en la carrera, desde el principio a tope con un paso por el 5000 en torno a 12´20´´, este deporte es sólo para los que arriesgan, los conservadores no llegan a nada. Salgo con mis trastos, silla y ruedas de recambio del hotel rumbo hacia Queen´s Park donde recogeré mi chip y número, eso si, para evitar perder la concentración me pongo mi MP3 y comienzo a escuchar “Buried Alive” de Sentenced, se me erizan los pelos al escuchar sus melodías y aumenta poco a poco ese grado de euforia antes de una prueba como la de Toronto. Tras diez minutos empujando a ambas sillas llegó al escenario de la prueba y el día es envidiable con un sol fantástico. Recojo mi chip y número y me preparo para comenzar a calentar. Como siempre ya desde que me subo a la silla no hablo con nadie y me concentro para hacerlo lo mejor que pueda. A las 9:50 comienzo a calentar. Tengo cuarenta minutos hasta que comience la prueba y quiero poner mi cuerpo a punto progresivamente, sin prisas y comenzando a no más de 120 latidos mi calentamiento, ya habrá tiempo de poner el corazón a 190. Tras las primeras vueltas al circuito siento unas buenas sensaciones y con unos cinco kilómetros comienzo a sudar. Unos minutos más tarde me quito la chaqueta de calentamiento y dejo de lado el MP3, ahora prefiero escuchar “el latir de mi corazón y mi respiración”. Acabo con unas aceleraciones de 100m y ya me llaman “every racers to Start line”, ese es el momento clave, el no ponerse ansioso, el dejarse llevar por el tiempo, el no quedarse en blanco, esa es la clave para que todo salga perfecto y no haya ningún traspié cuando hay que sufrir hasta morir, cuando el lactato se eleva hasta el “cielo”, cuando deseas no haber sido nunca atleta,… Nos colocan en la línea de salida y desde ese lugar delante en el centro de la parrilla visualizo mi salida con esa pequeña subida al final de la recta, allí es donde voy a “armarla”. “One minute to Start”, oigo esa frase y ya miro a mi silla detenidamente e involuntariamente el corazón late más fuerte y más rápido. “Ten, nine, eight, seven,…” por mi mente pasan los duros entrenos de Mayo y la fantástica puesta a punto del motor este año y cierro la cuenta atrás diciéndome a mi mismo, Toronto será otra gran prueba para recordar este año, el resto de la historia ya la conoceis.
El abismo de Grand Rapids por Santiago Santiago Sanz (28-05-07) ¿Qué es ese ruido?, descuelgo el teléfono y me levanto repentinamente alterado y confuso. La noche ha sido corta, dios que sensación de vacío, algo normal cuando duermo poco. Ayer llegué a la una de la mañana al hotel y mientras preparaba la silla para competir se me hicieron las dos. Ese maldito avión que perdí me trastocó los planes, pero he venido a competir y estoy aquí para correr al 120%. Hoy no voy a tomarme el pulso, prefiero ni verlo y dejar que todo fluya hasta la hora de la carrera. Tengo tres horas hasta la salida en la fría y gris Grand Rapids. Lo primero como siempre mi café, disfruto con él en mis manos y comienzo a ingerir mis barritas ya que a esta hora no está abierto ni “el cielo”. Ayer en el avión dormí muy bien y eso me sorprende, me dediqué a descansar cuerpo y mente, sabiendo que en lugar de llegar a media tarde, llegaría al hotel pasada media noche. También y siendo optimista ayer descansé tras ocho sesiones completadas de Lunes a Jueves, “que tralla me ha pegado Gabi”, pero lo he cumplido todo a rajatabla y hoy no fallaré. Poco a poco la sensación de vacío se pasa y tras ese “strong coffee” y barritas ya tengo el agua conmigo en todo momento. Me tumbo en la cama y escucho en mi MP3 a “sentenced” que consigue despertar esa adrenalina que sube minuto a minuto y que voy a necesitar para sentirme “highper” cuando llegue la hora de la verdad. A las 6:00 me visto rápidamente y miro a través de la ventana. Ya amanece y ni una nube ¿Estoy en Grand Rapids? Los dos últimos años se me helaron los huesos ahí fuera y hoy parece que va a lucir el sol, no salgo de mi asombro. Veinte minutos más tarde salgo con mi silla y “trastos” rumbo al otro hotel donde recogeré mi dorsal y comenzaré a calentar en treinta minutos. Al salir a la calle me sorprende la temperatura, no estoy en Alicante pero no parece Michigan. Tomo la avenida que me lleva al “Courtyard Marriott” y me pregunta un atleta ¿Qué tiempo vas a hacer este año? Mi respuesta es sencilla, de momento sólo pienso en darlo todo, no me preocupa el tiempo, pero evidentemente no es una respuesta sincera ya que por mi mente pasan los 63 minutos constantemente y ese pensamiento transcurre minuto a minuto como una obsesión. Por fin llego al hotel y allí está Heidie “la organizadora del evento en silla”, me da el dorsal y hablamos de la complicación de ayer. “Heidie fue una pesadilla, creo que al año que viene se me podría invitar un par de días para correr en las mejores condiciones”, acabo con un “Anyways I feel ok”. Me voy a un rincón del pasillo, me siento en el suelo y espero hasta las siete. Pronto baja mi amigo californiano Edwin Figueroa y le explico lo que me pasó ayer, aunque rápidamente busco la evasión y prefiero el silencio. A las siete y diez ya estoy encima de la silla y comienzo con el ritual que me evade de todo, pongo mis guantes de algodón muy lentamente y comienzo a pensar en el circuito “en el veinte comienza la Old ken River Bank”. También pienso en la ventaja de este año al entrenar para los 5000m llego con unos 800Km más de entreno que el año pasado y eso me va a permitir soportar mejor los últimos diez kilómetros. Pienso en el final de Seoul hace dos semanas con esos tres kilómetros finales a menos de 2´30´´ el mil y, como no, en Spokane hace seis días con un último empuje diabólico tras el infierno de “Doomsday hill”. “Estoy bien coño” me repito una y otra vez y pienso en la economía de carrera “fluído, amplio, eficiente,…” todo lo que junto a Gabi he trabajado durante tantos años y tantas horas y que comienza a dar sus frutos en la larga distancia. Media hora antes de la salida salgo a la calle pero me encuentro muy frío y busco un lugar cubierto para calentar, allí junto a Edwin en un espacio de cien metros comienzo a mover mis brazos y poco a poco noto el calor de mi cuerpo, mi pulso sube progresivamente y acabo con unas aceleraciones en la Avenida donde comienza la prueba. El calor del público contrasta con el viento helado que me nubla las ideas, aunque ahora sólo tengo una en mi mente, correr rápido. Veo la salida y pronto veo mi lugar, el centro en la primera fila, no quiero ningún percance y quiero vía libre. Me coloco y deseo suerte a Dean Bergeron y Chantal Peticlerc. Heidie nos comenta que la salida será un banderazo y que en tres minutos comienza la prueba. Me evado por unos segundos pensando que en menos de seis horas salgo rumbo a casa pero los aplausos de la gente me hacen regresar de nuevo a la línea de salida y oigo “one minute to start ”, es en ese momento cuando cruzo la línea que separa la paz del abismo, cierro los ojos, respiro profundo, “Fifteen seconds”, oigo golpear mi corazón, los aplausos del público, noto cada una de las contracciones de mis brazos, un escalofrío recorre mi espalda, estoy en el abismo pero disfruto este momento, es mi momento…
El abismo de Spokane por Santiago Sanz (10-05-07) ¿Qué es ese pitido? me levanto confuso de la cama y miro el reloj, las seis “Dios, he dormido diez horas”. Lo primero como siempre el pulso basal, ayer no bajé de 45 pero llegué al hotel a las 12:00 y dormí seis horas. Espero unos minutos con la cinta puesta y oh la la 37 latidos, creo que estoy listo para correr. Ayer por la noche dejé todo listo en la mochila. Tengo casi dos horas antes de comenzar a calentar, a las 7:50 tengo que estar en las calles de Spokane dándole al aro y no quiero retrasarme ni un minuto. Me visto rápidamente y ya mi amigo Saul regresa de la “Hospitality room” con su coffee y tostadas. “Vuelvo en 25 minutos mestre” le digo mientras cojo mi botella de agua que ya no la suelto hasta que me subo a la silla. Desayuno muy ligero un café con leche desnatada y un bagel integral con pasas y mermelada de fresa. Veo caras conocidas, Jhon Korir, Jhon Duda, etc… y tienen la misma expresión que yo. Incertidumbre antes de comenzar la gran prueba que congregará a más de 40.000 atletas. Acabo el desayuno con mi amigo y rival Clayton Gerein, el mejor atleta de todos los tiempos. Charlamos y me cuenta anécdotas del maratón de Padova. Pienso, Clayton va a ponerme difícil las cosas, viene en forma y querrá guerra. Mejor subo a la habitación y dejo que el tiempo me arrastre hasta la hora de calentar. No quiero ninguna presión extra. Allí visualizo la carrera, el último año me falto más motor en el final de la carrera. Este año quiero ir de menos a más, arriesgar lo justo en la bajada y cuando acabe Doomsday Hill en el kilómetro 9 ir a tope. Las 7:15 en el reloj, cojo los trastos y le digo a Saul que voy a preparar la silla y pasar el check in. En cuanto llego abajo veo a una treintena de atletas en silla preparando las máquinas. Me voy directamente al rincón donde descansó mi máquina esa noche y preparo todo. Último apretón de ruedas, inflar a tope los tubulares y seguidamente el check in, donde Tom Cameron aprovecha para preguntarme como me encuentro. “Tom I feel great, I think in a new course record”, nos reímos y me da el ok de la silla. Salgo afuera un momento a ver que temperatura hace. Uff que frío, se me hielan los huesos pero no amenaza lluvia como el año pasado. Es hora de subir a la silla, me pongo los guantes y el chaleco tranquilamente, en ese momento me relajo, evito prisas y ya no hablo con nadie. Las 7:55 salgo del hotel y ya huelo en el ambiente el comienzo de la prueba. Comienzo a calentar muy lento, tengo las muñecas heladas y necesito unos minutos. Llego a la línea de salida unos cinco minutos más tarde, está todo cortado y me pongo a calentar solo en la primera recta, hasta la gran bajada, me cruzo con mis rivales y sigo estudiando mis sensaciones. Me encuentro mejor poco a poco pero noto que el aire frío me quema al pasar por la garganta. A las 7:20 comienzo a realizar unas aceleraciones de 200 metros y ya oigo a un agente de la prueba “wheelchairs to Start line”. Allí me quito el chaleco y sigo moviéndome, no quiero enfriarme para nada. He calentado genial y ahora queda poner el broche dorado a la prueba. Me colocan en línea de salida y noto como la adrenalina comienza a subir. “Three minutes to Start”, pienso en lo bien que va la temporada y lo bien que ha ido la semana en Estados Unidos tras llegar de Corea destrozado. “One minute to Start”, de repente me invade una sensación de inseguridad pero ¿Qué cojones? Yo he nacido para correr, eso me dijo mi madre con 15 años y hoy mostraré lo que valgo en esas cuestas. Respiro profundo, oigo mi corazón latir fuerte, suena el disparo y …
La columna de Santiago Sanz (6-11-06) Cuando finaliza la temporada siempre analizo si los objetivos que junto con mi entrenador "Gabi" me había planteado se han cumplido o no.
En ocasiones hablo con atletas y no tienen este tipo de planteamientos, algo que hace que dichos atletas no tengan un rumbo, estén perdidos y no afronten ni la competición ni determinados entrenamientos con especial motivación.
Cuando llega la hora de planificar una temporada (ciclo anual) o un período olímpico (ciclo plurianual) el atleta y el entrenador deben ponerse de acuerdo en los objetivos que perseguirán a corto plazo (período de la temporada a comenzar), medio plazo (temporada a afrontar) y largo plazo (ciclo de 3-4 temporadas).
Ejemplo de objetivos a conseguir en un ciclo plurianual para atleta de clase T-54 femenina de edad junior (18 años), centrado en la competición:
Ejemplo de objetivos a conseguir en un ciclo plurianual la misma atleta, centrado en el entrenamiento:
Los objetivos también pueden estar relacionados con la condición física del individuo. A continuación expongo el ejemplo de los objetivos que perseguimos en relación al peso óptimo para competir en cada una de las etapas de la presente temporada y en temporadas posteriores cuando de el paso al entrenamiento del maratón. Se parte del peso mío (56,1Kgrs.) el 2 de Octubre, día de comienzo de la presente temporada:
Corto Plazo
Medio Plazo
Largo Plazo
¿Que ocurre cuando se aplican este tipo de criterios?
- El deportista y entrenador saben que persiguen y el camino a recorrer.
- La motivación en el entrenamiento y la competición son mayores.
- Están definidas las diversas épocas de la temporada (períodos de la planificación) y se conocen los momentos donde hay picos de forma.
- Con referencia al punto anterior, se delimitan las competiciones secundarias que servirán como un medio más de entrenamiento y las principales. Este es uno de los grandes problemas en el atletismo en silla de ruedas. Los atletas tienen la problemática de competir continuamente y de esta forma no se pueden generar las bases necesarias para rendir al máximo. Lo ideal es crear bloques de competiciones.
Pueden haber objetivos centrados exclusivamente en la eficiencia fisiológica. A continuación pongo un ejemplo sobre los objetivos a conseguir con un atleta junior de 18 años que apunta a ser un gran medofondista:
Si los objetivos están bien planteados deberán ser:
- Acotados, es decir, un objetivo no puede ser del tipo correr los 1500 metros entre 4´10´´ y 3´50´´.
- Factibles y no un "sueño"
- Flexibles, en función de los aspectos que rodean al entrenamiento.
Espero que apliques con tu entrenador esta serie de criterios y te ayuden a conseguir todas las metas que ambos os proponéis.
Disfruta de tu entrenamiento y seguir trabajando duro.
Recordad que nos vemos pronto en www.santiago-sanz.com
La columna de Santiago Sanz (21-10-06)
Saludo a todos nuestros lectores de los más de 100 países que visitan mi espacio web.
Con esta nueva sección os contaré anécdotas de mi vida diaria y trataré de daros algunos consejos para que rindáis al máximo, ya sea con vuestra silla de atletismo o con vuestras zapatillas de running.
El Invierno se nos echa encima y desde Sierra Nevada, donde me encuentro actualmente concentrado se respira un aire puro, pero a su vez frío y molesto que hace, si cabe, aún más duro el comienzo de la temporada.
Esta semana el rodillo ha sido el gran protagonista de mi entrenamiento diario y excepto en tres sesiones me ha tocado entrenar en él. Recuerda que si haces rodillo al sudar mucho más debes beber constantemente cada quince minutos y mejor aún si añades sales minerales al agua para que la hidratación sea más efectiva.
El volumen aumenta progresivamente semana a semana y con un calendario, una planificación de entrenamiento detallada y unas metas claras para la próxima temporada todo marcha sobre ruedas y sólo nos debemos preocupar de lo que nuestro entrenador dictamine para seguir entrenando y, por supuesto, descansando lo máximo posible. Recuerda que tan importante es el entrenamiento visible como el invisible, es decir, todas aquellas rutinas que no forman parte del plan de entrenamiento, pero que a su vez influyen de manera determinante sobre nuestro rendimiento final.
La alimentación es clave en el rendimiento final y para ello deberás de realizar junto a un dietista un planning básico para lograr llegar a los eventos más importantes con un peso óptimo de competición que varía de atleta a atleta y de disciplina a disciplina, ya que mi alimentación no es la misma ahora que entreno los 5000m que cuando entrenaba los 800m.
No te obsesiones con el peso. Lo normal es que en un período vacacional de 21 días puedas engordar de 2 a 3 kgrs. Deja que una buena alimentación y el propio entrenamiento pongan de nuevo las aguas en su cauce. En mi caso suelo perder semanalmente de 300 a 400grs. y necesito entre 12 y 14 semanas para llegar a ese peso óptimo. Eso suele ser dos o tres semanas antes de viajar a Australia para competir en el Summer Down Under. Recuerda que en atletas de alto nivel el porcentaje graso corporal debería ser de un 8-10% en hombres y de un 12-14% en mujeres.
Para evitar lesiones deberías de finalizar cada una de tus sesiones con ejercicios de flexibilidad y asistir una vez por semana a un fisioterapeuta que ponga a punto tu musculatura para soportar las cargas de entrenamiento correctamente.
De momento y con sólo tres semanas de entrenamiento las co | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||