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PONDREMOS EL MUNDO PATAS ARRIBA

El abismo de Grand Rapids por Santiago Sanz (3-06-08)

Son las cinco y cuarto y arriba, hoy tengo como compañero de habitación al salvadoreño afincado en Los Ángeles Edwin Figueroa.

A mi me cuesta muy poco saltar de la cama, es un rito, una costumbre, una obligación,… activarme, activarme, activarme,… esa es la primera orden de mi cerebro a mi cuerpo. Edwin sigue “acurrucado” en su cama, yo me dirijo a la ventana y miro a través de ella, un cielo azul intenso, ni una nube pero hace un frío que pela, apenas dicen por la tele cinco grados y me asusto. “Edwin no va a llover pero si lo hace morimos” y ríe a carcajada limpia.
Enciendo el ordenador y tengo tiempo de ver mis correos. Hoy he recibido uno de “Noni” la mamá de Ginés, un niño de ocho años que tiene mi patología, me manda recuerdos y que ojalá pronto nos veamos, yo le cuento a Edwin que hay dos niños (Ginés y Víctor) que sufren mi patología, el segundo es un fenómeno de la natación y Ginés cuando subió a mi silla el año pasado alucinó. Le digo a Edwin “estos niños merecen toda mi admiración y toda mi ayuda”, ha sido una buena noticia y me encuentro ya motivado para competir.
Mientras preparo el café y mi ligero desayuno miro todo lo que necesito para la prueba (herramientas, ropa de calentamiento,…) está todo listo y no hay porqué preocuparse.
Comienzo con el café, si así se puede llamar a esa agua sucia y caliente que casi tomo sin respirar. No tengo mucho apetito, ayer cené con Edwin en la “pasta dinner party” del hotel, él mismo me comentaba “Santi la pasta es tu fuerte” yo casi sin tiempo para contestar engullo mi “platazo” de pasta con aceite y pollo y le digo “Edwin come que mañana vamos a gastar tres platos como estos en ese circuito de 25Km y como “pegue” aire frío en la Lake Drive Avenue justo al final “that´s gonna be a tough course”.
No hay que despistarse con el tiempo, a las seis y media hay que bajar al hall del hotel, dar aire a las ruedas y salir a calentar sobre las siete menos cinco, aunque nos falta aún casi media hora para eso.
Edwin y yo hablamos sobre el magnífico entreno de ayer, donde acabé con 14Km, en lugar de los ocho que tenía programados, pero ese carril bici valía la pena. Sin lugar a duda el lugar más espectacular en el que jamás he entrenado en mis casi quince años como atleta, un carril bici que discurre por un bosque frondoso, un río y algunas ciénagas que se forman por las grandes nevadas que precipitan en estas norteñas tierras que circundan el lago Míchigan.
“¿Porqué no llevábamos una cámara en ese momento? Le digo al bueno de Edwin, al año que viene no puedo dejar esa cámara en la estúpida mochila”. Tengo que traer a Pilar a este lugar, le va a encantar, me digo a mi mismo.
Me pongo mi mono de competición y mi chaqueta de calentamiento. Tengo casi todo listo, “Edwin el compresor”, cogemos los trastos y al hall que faltan quince minutos para calentar. Allí ya encontramos a algún atleta nervioso que está ultimando sus preparativos con la silla.
Voy al aseo y a mi vuelta le meto a cada tubular 150 libras, y sin pensarlo “salto” a la silla para comenzar a calentar. Le digo a Edwin “me encontrarás en la avenida”, pero yo se que ya no lo veré más hasta la línea de salida. Me gusta calentar sin perder la concentración, para escuchar a mi cuerpo necesito estar centrado, sin distracciones, escuchando mi respiración, mis latidos, el golpeo de la mano con el aro,… subo por Pearl street que conecta con Monroe Avenue, avenida donde tiene lugar la salida de la prueba, antes paso por el puente que se alza majestuosamente sobre el Grand River, apenas un minuto sintiendo todo mi cuerpo frío con esa mañana preciosa que ha despertado sobre Grand Rapids y ya me encuentro en Monroe Avenue. Allí escucho música y la organización ultima todo antes de la prueba, yo tengo por delante cincuenta minutos de calentamiento.
Los primeros metros de calentamiento los utilizo para estudiar mis sensaciones musculares, parece que estoy de nuevo a punto y que la máquina está perfectamente engrasada para la batalla. Recuerdo por un momento la odisea del año pasado donde sólo pude dormir tres horas por ese maldito vuelo que se retrasó en Phoenix, pero este año es distinto y me encuentro muy, muy motivado. Me percato que en la línea de salida apenas tenemos aire a favor, es más, diría que no hay nada de viento, genial porque con ese frío en la última parte de la carrera “Lake Drive Avenue” podría llegar a ser espantoso, como en el 2005 que lloviendo durante toda la carrera y llegando totalmente empapado a ese punto que está en el kilómetro 22, soplaba un aire gélido que se me metió en los huesos.
Cubro mis primeros kilómetros y todavía no hay ningún atleta en silla calentando, pero pronto vislumbro al primero, es mi amigo Tyler Byers de Virginia, la semana pasada se cayó dos veces en Spokane y le pregunto como lleva su brazo. “You know Tyler, I dindn´t call you from Baltimore because your injury” el me contesta “I couldn´t train til Thursday”. No hay nada más que decir y sigo con mi “serenata”, estoy cerca del cuarto kilómetro de calentamiento y todo va de perlas, aunque sigo sin precipitarme, calentar todo mi cuerpo es la prioridad ahora, seguir a un ritmo constante de 130 latidos y observar que la silla va de maravilla, de repente, me para la organizadora del evento Kelly y con una expresión de preocupación me pregunta “Do you have an extra pair of racing gloves?” le contesto “What happen?” y me comenta que Alfonso Zaragoza no tiene sus guantes de competir porque no le ha llegado su equipaje y todo sorprendido suelto un “Holly shit”, “Ok Kelly, go with someone else to my hotel room in the Days Inn and you´ll find in my wheels bag an extra pair of gloves, now I need to follow my warm up, sorry guys” y sigo con mi marcha, antes Kelly me dice “Thanks a lot guy”, yo acelero mi silla y sigo por Monroe hasta el cruce con Fulton, donde es obligatorio cambiar de sentido porque allí está abierto el tráfico. Alguién comenta “10Km event is gonna start in two minutes and road must be clear”, miles de personas van a disputar la prueba de 10Km que tendrá su inicio a las siete y media, pero yo no me puedo parar como un “lelo” y contemplar como pasa el tiempo, hay que buscar una calle que me permita seguir calentando y no es otra que Louis street, desde el inicio de la misma hasta el final que conecta con Fulton, tengo como trescientos metros todos en subida y a mi estos me funcionan a la perfección para seguir con mi calentamiento que al final será de ocho kilómetros.
Subo por esa cuesta y siento que mi temperatura corporal ha ido aumentando, estoy a un pasito de estar listo para competir, creo que en unos quince minutos más ya comenzaré con unas aceleraciones.
En uno de los cruces de la calle Louis veo a una policía que corta el tráfico y con “el frío que pela”, ella trabaja con una camisa de manga corta y su chaleco reflectante, a mí sólo de verla me produce un escalofrío que recorre toda mi espalda.
Yo sigo con mi rutina y esa calle la subo y bajo en unas cinco ocasiones, algún otro atleta se suma conmigo y allí me encuentro con Ramiro Bermúdez y Edwin Figueroa, mientras los miles de participantes que han tomado la salida en la prueba de 10Km siguen pasando por Monroe Avenue, aunque ya quedan pocos en pasar por el cruce de Monroe y Louis y en breve podremos seguir nuestro calentamiento en la parte inicial de esta fantástica prueba.
Son cerca de las ocho menos veinte y ya me encuentro de nuevo a escasos metros de la línea de salida en Monroe, ahora ya comienza la cuenta atrás, es hora de acelerar el pulso, de oír la intensa respiración, de subir la adrenalina y de subir esa agresividad que caracteriza mi forma de correr, hay que salir a tope, un parcial de 5000 entorno a once minutos cincuenta segundos y eso es correr mucho, mucho, mucho,…
En la primera aceleración noto que a diferencia del año pasado no hay apenas aire a favor en la dirección en la que avanza la prueba, es una recta enorme hasta el cruce en el que nos internamos en el “Millenium Park”, transcurren cerca de cuatro mil metros, en esos metros es donde hay que coger el ritmo para afrontar la segunda parte de la prueba con garantías, ya que es el último cinco mil el que hace “pupa”, aquí hay que ser constante y evitar “subidones de lactato” innecesarios.
Tras dos o tres aceleraciones ya marcho a la línea de salida, es muy peculiar con ese asfalto adoquinado, aunque sólo son los primeros cien metros de carrera. Le doy a Kelly mi chaqueta de calentamiento y me coloco en la primera fila de parrilla de salida, un “Good luck” a todos mis rivales y a centrarme en el comienzo de carrera. Me preocupa un poco la valla de contención, no quiero chocar con ella en la salida y le indico a Kelly que nos está viendo con su silla unos metros más adelante que se aparte para evitar cualquier incidencia.
Alguien avisa por la megafonía que sólo faltan tres minutos para que comience el evento en silla y todo el público comienza a hacer palmas, silbar y vitorear. Yo pienso en el buen rendimiento de Bloomsday y sólo ese recuerdo ya me confirma la certeza de una nueva victoria, esta será la trigésima en mi carrera deportiva y la cuarta consecutiva en esta prueba.
Como si de un acto reflejo se tratara no dejo de mover mis brazos, estos tienen que golpear hoy el aro cerca de seis mil veces y parece que disfrutan como los “huskies” cuando salen a correr. Mi cuerpo está hecho para correr, mi mente disfruta con la agonía y mi corazón exhala potencia como el de un pura sangre. “Llego la hora de cortar cabezas”, me digo a mi mismo y con esta frase mi cuerpo desea oír el disparo de salida.
“One minutes guys” es la frase clave, la que otra vez me hace pensar en mis dos fans número uno, mi madre (gracias a ella tengo un carácter luchador) y Pilar (gracias a ella soy mejor persona y atleta), ellas viajan conmigo, ellas corren conmigo y ellas disfrutan conmigo, porqué para mi la agonía de mantener mi corazón a más de ciento ochenta latidos es el sumun, la máxima recompensa que puede tener entrenar mañana y tarde con frío, calor, lluvia,…
Ya sólo faltan menos de quince segundos y la autoconfianza es mi mejor arma, miro al infinito, esa recta se extiende hacia la gloria y siento en mi cuello el golpeo de mi corazón, estoy listo, hoy rozaré la hora en esta prueba, seré leyenda y pondré un techo muy alto a quién quiera arrebatarme este récord, hoy, un día más, haré historia en el atletismo español…

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